La vi a través del cristal de mi bmw. Ella andaba por la acera agarrada del manillar de una vieja bicicleta. Su aspecto pendenciero y desaliñado apuntaban una vida abandonada de toda norma. Yo la miré, mientras el coche de delanteestaba parado pendiente de aparcar y sonreí por la envidia de su juventud, de su desinterés por las cosas innecesarias y ella me miró casi de pasada. Mi vergüenza me hizo apartar momentaneamente la vista, para al segundo volversela a dirigir. Entonces la descubrí sonriendo mientras me miraba y apartando la mirada ruborizada al contacto con la mía. Sus ojos color marihuana, volvieron al momento sobre los míos como si de un duelo de miradas se tratara, y me volvió a sonreír y oy no le aparté la mirada y solo llevé la mano a mi cuello para abrirme un poco el nudo de la corbata que parecía en esos instantes no dejarme respirar sin apartar la mirada, sin apartar la sonrisa ladeada y socarrona que me define. Entonces desde el coche de detrás me pitaron, ya no tenía ningún coche delante. La chica sonrió y bajó su mirada, mi coche se caló cuando intenté arrancar en tercera.
Me sentí el hombre más torpe del mundo y ella la chica más admirada de aquel segundo.
Supe entonces que ella estaba tan fuera de mi alcance como ella pensó que yo lo estaba del suyo
Noticia
viernes, 24 de febrero de 2006
La chica de la bicicleta
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