Cuando empezaron a rugir los motores, mi corazón se alteró
mis ojos rojos de no haber dormido se clavaron en los coches
que en pocos segundos se situaron frente a mí.
El sonido de la aceleración se presuponía cada vez mayor
abrazaba mi corazón, mi alma y mi cuerpo, exprimía mi vida
e hizo brotar una lágrima de mí, como el néctar del perfume
de la emoción.
Noticia
domingo, 14 de mayo de 2006
El nectar del perfume de la emoción
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