Aun no habia amanecido la primavera
el frio abrigaba nuestros pensamientos,
pero tu larga melena fluyendo por uno de tus hombros
dejaba al descubierto tu cuello largo y desnudo
de manera impropia a este momento del año.
Un sueter, o una camisa sin cuello,
o no se muy bien que debias llevar
descubrian un cuello que visto desde detras
invitaba al pecado
a arrimar los labios hacia el
a olerlo y a morderlo suavemente por un lado.
No, no queria nada mas
solo morderlo lentamente, imperceptiblemente
y saborear el placer de tu cuello

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