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domingo, 15 de abril de 2012

Vendo la casa de las puertas verdes

Vendo la casa porque ya no me quedan más que recuerdos allí.
Ya no he perdido nada. Sólo queda el vacío, la melancolía de otra vida.
Sí, he pasado buenos momentos.
He conocido mucha gente y otras han desaparecido,
me he reído y me he fumado encima.
He tomado el sol en el patio sintiéndome como en casa
me he sentido en la intimidad de la habitación
como en el lugar secreto en el que nunca nadie me encontraría
Allí también me he despedido
y me he sentido agradecido
por lo más insignificante.
Ha sido, en definitiva, importante
el tiempo que pasé entre tus paredes.
Recordaré las veces que debía enseñar mi carné de identidad
recordaré las puertas que se cierran a mi espalda
recordaré la lentitud de sus guardianes
y lo mal que funcionaban algunos funcionarios.
Recordaré lo fácil que era entrar y salir de allí
recordaré las puertas que tenía que pasar para llegar a verte
una, dos, tres, cuatro, cinco, seis y siete puertas cerradas
que se debían abrir para que yo llegara a ti

Ahora las puertas siguen allí
pero tu ya no estás
y ya nada me ata allí
más que los recuerdos

martes, 2 de febrero de 2010

Amores platónicos

Dicese del amor, que a colación del mundo de las Ideas propuesto por Platón, queda en eso, en una idea, en un ideal.



Me encontré ridículo enamorándome de ti. Aquel amor no tenía pies ni cabeza, no tenía futuro ni principio. No tenía por donde cogerse, pero sin embargo, me enamoré.


Te busco con el reflejo de la mirada. Sé donde estás y cuando no sé donde estás es porque no quiero que pienses que siempre te estoy buscando. Habrá que hacerse también el interesante, por eso no siempre te miro. cuando te miro, te miro con todo el amor que soy capaz de dar, pero no quiero que te des cuenta, no quiero que creas que me gustas, que te quiero, y quedar como un idiota si tu no me quieres, por eso no te miro todo el rato, pero sé que estás. a veces sé que estás y cuando me giro, como por casualidad, ya no estás, y entocnes me doy cuenta que no sé tantas cosas, y que solamente las creo.

A veces me hablas, sé que... bueno quiero creer que has medido las palabras, que te has dirigido a mi para yo ser el único protagonista de tu vida durante esos 10 segundos, donde toda tu vida está dedicada a mi. Yo siento en ese momento que me respiras, que me disuelvo dentro de ti. Sólo se me ocurre en ese momento decir gilipolleces, de las que luego me arrepiento, y me da rabia, pero tu te ríes. Quiero creer que te ríes porque te hace gracia, y no porque te parezco ridiculo, pero si te ríes porque te hace gracia, es porque te gusto, aunque sólo sea un poco. Te miro, me avergüenzo de ser el autor de la sonrisa que ahora mismo dibuja tu vida.

Cuando te descubro mirándome, una vez en la vida, creo que los planetas se han alineado, pienso que no tengo dudas de que tu me quieres, sin embargo en pocos segundos creo que ya no me miras, que yo he querido creer que me mirabas, pero tu no me mirabas a mi, o no mirabas a ningún sitio.

Digo tu nombre, cierro los ojos, me llena por dentro, lo vuelvo a rapetir en diminutivo, te imagino tu sonrisa, tu mirada, como aquella vez, aquella única vez que me miraste, dije tu nombre y me sonreíste

domingo, 15 de noviembre de 2009

Olores

Me vienen reminiscencias de mi infancia con el olor que me sorprende al salir a la calle.
no hay visiones, ni sonidos, ni colores que me lleven tan directamente a mi pasado,
el olor de lo inesperado, de lo que hacía tiempo que no olía me lleva a imágenes del ayer.

La primera situación viene al cruzarme con alguien. No me giré a ver quien era, ni que edad tendría, pero si que directamente reconocí el olor "Brummel", el perfume de garrafa, de las distancias cortas, donde un hombre de verdad se la juega. No me viene la imagen del anuncio sino la de la navidad. Siendo niño no hay perfumes, más allá de las colonias frescas, que de tanto usarse han borrado los momentos, pero si, el día de navidad, la noche de nochebuena, para salir a la misa del gallo, hacíamos un exceso, o un defecto, y nos envolvíamos en el olor de la Brummel. La noche, los abrigos, la raya a un lado, el calor humano en aquella celebración, los colores de la piel, los saludos a mucha gente, las felices navidades, no las traía Papa Noel, casi más bien las traía Brummel, por eso al cruzarme con aquel perfume, volvió a ser Nochebuena en mi imaginación.

Sigo andando y entonces el olor a pintura de pared me lleva de repente al calor del verano, al estanque de riego de mi abuelo vacío, y nosotros sin camiseta dentro, rascando las paredes mientras sudábamos, para luego pintarlas de azul celeste. Permanecería la piscina vacía, humeando ese olor a pintura fresca durante tres días. Luego cuando la llenábamos, la claridad del agua, su frescura, el color interior de aquel lugar se mezclaban aún con el olor a pintura, y nadábamos en una piscina nueva, esa era nuestra sensación.

El tercero de los olores que me llegan esta mañana lo recojo cuando salgo de la ciudad y me dirijo por un camino, para adentrarme en la huerta. Dos olores que terminan por invadirme. El primero es el del estiercol. Un olor a vaca que me tranquiliza, me recuerda al campo, no a ese que veo, sino al de antes, al que estaba lleno de vacas, y nos tirábamos desde la ventana, a montañas de paja, para rebotar. donde nos escondíamos, y jugábamos en el haz de luz que entraba por la ventana de la que antes habíamos saltado. Me recuerda al campo, a la tranquilidad, a la libertad, aunque huela a mierda, pero es libertad al fin y al cabo.

Termino mi camino al lado de la casa, me siento en el portal y me viene el último de los aromas, esta vez a Zotal. Me muerdo el labio inferior, cierro los ojos y soy capaz de visualizar el patio interior de la casa de mi abuela, fresco, recien regado y con olor a zotal. Yo dentro de un barreño, en la sombra del verano, chapoteando. Sonrío. Pienso que el olor es capaz de transportarme más profundamente de lo que lo haría cualquier sonido, cualquier imagen, cualquier palabra.

Benditos olores

lunes, 18 de mayo de 2009

Mario

Sin lugar a duda Mario fue mi poeta preferido.
No es porque se haya muerto, y haya que ponerlo por las nubes
es que para mí, nadie escribió como escribía él,
y ya podemos irnos a Machado y a la generación que se quisiera.
Nadie era comparable a Mario.
El primer poema que me gustó,
del que tengo recuerdo que me gustara,
pero no de Mario, sino el primero,
lo lei en Galerías Preciados, en uno de esos paneles
donde se acumulan posters,
unos con citas bonitas,
otros con mujeres en pose sensual,
para hacer de calefacción en ardientes habitaciones.
allí leí mi primer poema,
el primero que me lleó al corazón.
No sé el tiempo que estaría leyendo
intentando memorizar aquellos versos
hasta que fui a casa a por un boli y un papel
para copiarlo: Hagamos un trato, me decía un Benedetti
del cual yo no conocía ni el nombre.
La poesía había llegado a mi corazón de manos de Mario.
Desde allí hasta que cayeron en mi alma los versos de amor
y sus palabras con los jóvenes:
Balada del mal genio
Bienvenida
Corazón coraza
Fragmentos
Hagamos un trato
Informe sobre caricias
Los dos, formales y frios
Lovers go home
Mucho más grave
No te salves
Soneto a una mengana
Táctica y estrategia
Te quiero
Viceversa.
Sus actuaciones como poeta alemán
en alguna película de culto,
su voz, la mejor voz para leer sus versos.
Sus novelas...
No hay palabras para dar las gracias por que me infundó la vida
porque me ha hecho sentir vivo.
Gracias

sábado, 28 de febrero de 2009

Recuerdos

La primera vez que vine a esta ciudad apenas contaba con 15
La primera vez que llegué aquí no conocía a nadie, ni sabía si era eso lo que venía a buscar.
La primera vez que pise el suelo donde ahora estoy conocí al que ahora es mi mejor amigo.
Entonces, después de aquella primera vez empecé a escribir cartas. Nunca había escrito ninguna y sin embargo casi durante 20 años estuve escribiendo cartas semanalmente.
Mi regalo del día podía ser una carta

Recuerdo primero que me hice con una llave del buzón, ese objeto que hasta entonces no sbía muy bien para que servía.
Mi aliciente escolar era el momento de volver a casa y abrir el buzón, encontrar manuscritos hablándome de ridiculeces, de grandes secretos, de sesudas reflexiones.
Recuérdome sentado en mi cama leyendo pequeños testamentos a la hora de comer y mi madre llamándome al orden gastronómico.
Luego recuerdo que reconocía el ruido de la vespa del cartero, incluso la hora que diariamente venía a casa. Dejaba entonces de estudiar, lo espiaba por la ventana y cuando lo veía salir del portal, salía corriendo hacia el buzón.
Recuerdo que cartas llegaron incompletas, sin la dirección e incluso con el número de portal cambiado, y sin embargo llegaban.
Recuerdo los secretos que dejé enterrados en las letras, los momentos que ahora ni tan siquiera recuerdo, pero que sé que estos amigos tienen escondidas en un cajón polvoriento.
Recuerdo lo que me gustaba recibir cartas, como hoy me gusta recibir mails escritos para mi, aunque no hablen de mi, aunque no sean manuscritos, aunque no cuenten nada, o cuenten grandes secretos, o pequeños testamentos... Me da igual.
Me alegra mucho saber de ti.

viernes, 23 de enero de 2009

Matançes

Avui me'n he recordat de quan tenia una dotzena d'anys.
Tal vegada pugui pareixer escatològic el moment,
però el fred d'aquest mati, segut a l'excusat,
el fum que fa el fred de la gelor,
de l'interior del cos,
m'ha duit a tancar els ulls
i vore en un moment la boirina tapant les muntanyes
la rosada cubrint l'hort i el camp d'un color
entre blanc i verd, cami de la soll
i el fum que surt de l'alè de les persones que hi van a pel porc.
Després, esqueixant la pitera del porc una vegada mort
torna sortir el fum.
Els budells dins d'una ribella
i les dones fent net els budells calent,
que poguessin pareixer que estaven bollint
pel fum que tornaven traure;
giren els budells, trauen tota la merda que hi ha dins.
ara ja no tan sols em venen imatges
sino també la pudor que feia tot allò;
no és una olor a merda, sino més bé
a budells, a fred i a aire del camp,
suor dels homes que fan feina
i a les mans de les dones
que estan pastant les sobrasades.
Em ve l'olor de la sobrasada encara verge
i del frit de matançes que ja s'està coent.
El temps de aturar; uns s'asseuen i riuen,
un altre se'n va un poc enfora per fer de ventre
darrera una mata, agupit, a l'aire,
recolçat amb una mà damunt una pedra
per no perdre l'equilibri,
surt, de nou, un fum de davall les seves cames
que em recorda que jo encara estic assegut
encara que ja fa una estona
que he acabat de fer les meves feines