Noticia


sábado, 4 de marzo de 2006

meses después

Se sentó a la mesa y pude ver en sus ojos los ojos de ella.
Y así como me vió soltó una carcajada como si me conociera de toda la vida,
como si la alegría brotara a borbotones entre nosotros dos,
y su sonrisa fue identica a la suya
y yo no pude menos que reirme a carcajadas.
Luego se puso a hablar
y a medida que se iba riendo
yo me iba enamorando un poco más de ella
como un puñal que atraviesa los estertores del sentimiento
y se me clava
Ella siguió hablando y yo no pude despegar mis ojos
de sus labios y después de sus ojos azules
y después de sus dientes blancos
y después de su sonrisa
y despues tuve que concentrarme
para, instintivamente, no saltar sobre sus labios
besarla y decirle que siempre había estado enamorado
que la había estado buscando durante toda mi vida
y que por fin
la había encontrado




No me atreví a decirle nada,
y me alegro de ello,
porque mi vida cobra sentido,
ahora que conozco el amor,
cuando sé que pasaré
el resto de mi vida buscándola

viernes, 3 de marzo de 2006

El aeropuerto

Cuando pise aquel aeropuerto nuevamente,
como un flash me vino a la memoria la última vez que estuve en él,
tu mirada escondida tras los cristales de tus gafas nuevas,
tu sombrero y el sabor del adiós en tus labios.
Creí que te habría olvidado.
Esta vez no estabas ahí
Estabas clavada dentro de mí.

jueves, 2 de marzo de 2006

Si me quedara sólo un día de vida

Si me quedara sólo un día de vida
Y si mañana fuese mi último día...

Dormiría en la montaña junto a algún río
Sin miedo de la noche o de los ruidos
Y esperaría al sol hablando con Dios
Caminaría descalza por la ciudad
Me bañaría desnuda en el mar
Y comería chocolates hasta reventar

Cometería más errores, dormiría menos
Viajaría con lo puesto y correría riesgos
Besaría a mis amigas en los labios
Pediría perdón por mis pecados
Y te diría te quiero sin dudar
Si me quedara sólo un día de vida
Y si mañana fuese mi último día...
Hablaría en voz alta conmigo
Delante de la gente o del vecino
Y haría el amor en algún ascensor
Me compraría diez botellas del mejor vino
Para brindar por mí y por mi destino
Y esperaría el final cantando en un bar

Tatiana Bustos

miércoles, 1 de marzo de 2006

Cuando le vi supe que se moría.
Ella me sonrió cuando me vio entrar, con una sonrisa tenue pero honesta, propia del que realmente se alegra de verme; de hecho no despegó su mirada de la mía. Mirada que yo no sabía ni pude aguantar. Su mirada acristalada y vacia denotaba el final de sus días, apagados, anacrónicos y marchitos. Mirarlos me suponía dejar de respirar, ahogar mi vida en sus ojos y dejarme invadir por la tristeza que ella pretendía no mostrar.
No supe que decirle, no me creo que se creyera mis esbozos de sonrisas, ni estaba seguro que cualquier palabra que saliera de mi boca no fuera a ser trémula; hice de tripas corazón, le volví a mirar a la cara, echándole valor, dispuesto a decirle GRACIAS, gracias por haberme dado el privilegio de haber compartido tantos momentos conmigo, pero no pude. A cambio sólo pude cogerle la mano, aún caliente y echarme a llorar. Ella sonrió aún más y mirándome con más lástima aún me dijo:
- Vaaaaaaaaamos, no te eches a llorar ahora
Y yo no pude más que llorar aún más; sentirme mísero y secándome las lágrimas, sin atreverme a mirarle a la cara más que milésimas de segundo decirle casi en un susurro que venía para despedirme, y tras un largo silencio explicarle con la voz queda que no me hacía a la idea de imaginarme esta vida sin ella. Cuando hace apenas unos días estaba tan llena de vida y hoy tan marchita y muerta...
No podía creer ni entender que con lo que yo la quería se fuera a ir de mi lado.
Le quise regalar una sonrisa para que se la llevase allá donde se fuera, quise a la vez que el tiempo no pasara y que se terminara ese momento tenso y agónico que esa situación me hacía pasar, quise que la vida me pusiera la palabra exacta en mis labios, quise saber que decirle para que el último portazo, la última mirada no sonara a vacia, no fuera acompañada de la tristeza, y no me hiciera creer una vez más que esta vida no valía la pena. Pero no pude y me invadió la pena cuando salí por esa puerta.

domingo, 26 de febrero de 2006

No era para tanto

Déjame,
manazas,
no insistas
tengo que salir,
vivir mi vida
sólo un minuto de más
y me podría morir
¡Oh Please!
me cansas
¿lo sabes?
suelta de una vez,
es imposible
Cuando entro
sales,
si tú subes,
bajo
si es "sí"
siempre dices "no"
¡Qué cruz!
¡Siempre igual!
De memoria te diré
lo que nos va a ocurrir
después...
gritos,
portazos,
todo a punto de estallar
piensas:
"un tercero está al llegar"
¡Eh Tú!
¡Ven aquí!
¡La salida no es por ahí!
Coger la manta la almohada
y el pijama azul,
hacer la cama
en el sofá que su mamá
le dio a su niño cuando se casó
Vendrá la medianoche,
ya van sesenta vueltas
"soy imbécil",
"no era para tanto"
Hazme un sitio
por favor
no quiero dormir en el salón.
Ana Belen
La salida no es por ahí

sábado, 25 de febrero de 2006

Bendito Veneno

Le pedí la llave del huerto de su boca.
-No la tiene nadie-me dijo-.
En el amor no voy de flor en flor,
de oca en oca
y sólo beso cuando me toca.
¡Bueno es el olvido
cuando alguien lo amenaza!
Aquel día, Cupido pensó:
"Me voy de casa",
y nos clavó dos flechas
en pleno corazón,
bendito veneno.
¡Qué suerte pa' mí que así,
por las buenas,
no habiendo luna llena
se diera porque sí!
Me prometió una noche
y fueron mil,
me dio una Nochebuena
en pleno abril.
Me quise morir
trepando por su falda,
me quedé a vivir
en un lunar de su espalda
y hasta hoy nos dura el hechizo
qué nos dio aquel bebedizo.
Escapamos juntos
del país de la rutina.
Un coche de punto nos condujo
hasta la esquina del amor.
-¡Deprisa, cochero!
Llévenos usté al extranjero.

viernes, 24 de febrero de 2006

La chica de la bicicleta

La vi a través del cristal de mi bmw. Ella andaba por la acera agarrada del manillar de una vieja bicicleta. Su aspecto pendenciero y desaliñado apuntaban una vida abandonada de toda norma. Yo la miré, mientras el coche de delanteestaba parado pendiente de aparcar y sonreí por la envidia de su juventud, de su desinterés por las cosas innecesarias y ella me miró casi de pasada. Mi vergüenza me hizo apartar momentaneamente la vista, para al segundo volversela a dirigir. Entonces la descubrí sonriendo mientras me miraba y apartando la mirada ruborizada al contacto con la mía. Sus ojos color marihuana, volvieron al momento sobre los míos como si de un duelo de miradas se tratara, y me volvió a sonreír y oy no le aparté la mirada y solo llevé la mano a mi cuello para abrirme un poco el nudo de la corbata que parecía en esos instantes no dejarme respirar sin apartar la mirada, sin apartar la sonrisa ladeada y socarrona que me define. Entonces desde el coche de detrás me pitaron, ya no tenía ningún coche delante. La chica sonrió y bajó su mirada, mi coche se caló cuando intenté arrancar en tercera.
Me sentí el hombre más torpe del mundo y ella la chica más admirada de aquel segundo.
Supe entonces que ella estaba tan fuera de mi alcance como ella pensó que yo lo estaba del suyo

jueves, 23 de febrero de 2006

Tan grande y tan pequeña

Cuando la vi y ella me miró y lentamente se le dibujó una sonrisa en los labios supe que podía acabarse el mundo, porque mi vida ya había cobrado sentido.
como quien no tiene prisa por vivir se levantó y me cogió suavente la mano. Hacía tanto tiempo que no sentía el contacto de unos dedos acariciando los míos.
Me miro a los ojos y me dijo: "¿Nos vamos?"
Yo con la otra mano me sequé la lágrima que se me había depositado en un ojo. Le apreté la mano y le dije "Vamos".
(...)
Esta tarde estábamos viendo una película mientras el sol invadía nuestro comedor. El tiempo parecía no tener prisa por pasar, y al calor de las horas ella se levantó, como un gato acurrucó su cara cerca de la mía en busca de algún beso robado y se arrebujó entre mis brazos., tumbándose en la sombra que mi cuerpo dejaba tumbada en el sofá, apoyó su melena en mi brazo y se llenó de paz.
(...)
Eran ya más de las 5 cuando me desperté. Ella seguía dormida. Ninguno de mis movimientos la despertó, ni mis palabras, ni mis besos que le invadieron la cara, ni las cosquillas, provocaron más que sonrisas, movimientos apartándome, y... nada más.
(...)
Ella seguía dormida, andaba inconsciente, pero sonriente, agarrada de mi mano, con los pelos al viento, se reía y me miraba, y yo llenaba de alegría a espuertas mi vida.
Luego se dejó desvestir. Hacía tanto tiempo que no desvestía a nadie que las manos me temblaban cada vez que desabrochaba uno de los botones de su camisa, me sentía torpe al bajar la cremallera de su falda, al cogerle los pies, para quitarle los zapatos
(...)
Se que llego tarde, muy tarde, me he hecho muy mayor y ella tan pequeña; pero despierta en mí aquello que hacía tanto tiempo... que no recordaba, o quizás nunca tuve
Llegó una estrella a mi vida y la llenó de luz

miércoles, 22 de febrero de 2006

Suerte y Ausencia

La abracé con todas mis fuerzas
y sin embargo mis fuerzas se iban por la punta de mis dedos
El peso de la felicidad era mayor que el que mis brazos podían abrazar.
Me fallaron las fuerzas una vez más
y me tuve que conformar con sentir
como se me escapaba la felicidad.
Y llorar,
llorar
...

llorar de felicidad,
llorar por la felicidad
que tuve y ya no tengo
llorar por la suerte y por la ausencia.

martes, 21 de febrero de 2006

La felicidad

- No te lo he dicho aún, pero soy la felicidad
- Ya lo sabía - contesté, pensando que a la felicidad no debía interrumpirla, ni corregirla diciéndole que "no tenía cuerpo de mujer, ni tan siquiera tenía cuerpo de nada". Simplemente me sentía tan bien acompañado a su lado que tan siquiera quise preguntarle como se llamaba.
Inspiré hondo y quise saborear el momento que vivía, sabiendo que mañana se iría con otro. Ella, segundos después, mientras mi mirada estaba perdida en la suya me lo dijo:
- Me tengo que ir, sino nunca valorarás que esté contigo
Y yo la dejé marchar, porque sólo con las despedidas se hacía posible un reencuentro más intenso.

lunes, 20 de febrero de 2006

Beso

Cuando separó sus labios de los míos y abrí los ojos la vi diferente, la belleza exhalaba en su piel y su pelo brillaba, no me miraba como hacía un minuto y en su sonrísa podía descubrir un sabor que poco rato antes no era capaz de imaginar, y sentí como algo más que algo había sido sellado con un beso, y la encontré más bella que nunca, y le descubrí en su mirada un color que nunca había vista y supe por fín que estaba enamorado

viernes, 17 de febrero de 2006

Alejarse

Durante un tiempo no quise alejarme mucho por miedo a perder el tesoro que tenía. Sabía que ya no me pertenecía, aunque no me atreviera a creermelo, no lo podía tocar, no podía hacer ningún uso de él, así que simplemente me dedique a custodiarlo, a saberme suficientemente enriquecido sabiendo que él me vería desde su ventana y sabría de mi presencia y sabría que no renunciaba a él, a pesar de que ya no fuera mío. A saber que no era de nadie más, a verlo.
Pero mis reservas se han ido agotando, los víveres con los que me aprovisione hace años, cuando empecé a custodiarlo se agotan, y yo me muero de inanición.
Mi primer impulso durante los primeros años, al pensar en ello, fue similar al del Ché "Hasta la victoria, hasta la muerte" (si era necesario).
Ahora veo que no era necesario, o que realmente no merece la pena morir por ello, aunque no tenga mucho sentido vivir la vida sin ello tampoco.
Y sin más, hoy me levanté y empecé a alejarme hacia ningún lugar, renunciando a mirar atrás, a recrearme en este pasado que tanto daño me ha hecho
Y me he dedicado desde entonces a vagar por la vida, a despedirme, a cerrar las puertas que un día me dejé abiertas, porque me dí cuenta que empezaba a atardecer en mi vida, empezaba el frío y que uno no podía irse sin asegurarse de que las puertas quedasen bien cerradas

lunes, 13 de febrero de 2006

Felicidades

Felix
Felix, estudia
haz huevitos
para todo el día
que peines lapas
¡estudia!
Y que apuntes
a Tomás


Quién coño es Felix?
Quién cojones es Tomás?
Tan mal estudiante es Feliz?
Tan cabrón es Tomás que hay que dispararle?
Quién carajo peina lapas?
Es más, para qué sirve peinar a las lapas?
Alguien las va a fotografiar?
Por qué Felix tiene que estar toda la mañana en la cocina?
Por qué cohone hay que comer huevitos, con el colesterol que tengo?


Nunca he entendido esta canción típical spanish
pero dicen que es típica de momentos como estos
en los que mi blog cumple 1 año
Gracias a los que alguna vez habéis colaborado en él.

miércoles, 1 de febrero de 2006

Exceso

Mientras más miento, más lejos llego.
En esta carrera de rojos demonios
¿es realmente el triunfador el auténtico ganador?
Me llamas puta porque no has podido conmigo en la cama
juego a ser dios y digo sí a tus drogas y quiero más
juego a ser Dios y digo sí a tu mente y quiero más
juego a ser Dios y digo sí a tu pene y quiero más
juego a ser Dios y digo sí a tu dinero y quiero más
soy una yonki de las emociones fuertes y quiero más
excesiva en el sexo
excesiva en el amor
excesiva en el terror
excesiva en tu cama
excesiva en tu mente
o todo o nada
saltemos juntos al vacío
el mundo y yo somos puro exceso
sentir como tus labios rompen todo mi cuerpo
y vivir la vida hasta el final
romper la vida hasta el final
morir vivir hasta el final
y vivir la vida hasta el final
romper la vida hasta el final
morir vivir hasta el final
exceso, es mi droga favorita
exceso, es mi droga favorita
mami, quiero correrme
mami, quiero correrme hasta el final
vivir mi vida hasta el final
sí, mami, mami
y vivir la vida hasta el final
romper la vida hasta el final
morir vivir hasta el final
no te diste cuenta que cuando era pequeñita
me salieron alas de tanto masturbarme
en mi habitación?
mi habitación....
de tanto masturbarme en mi habitación oscura,
oscura y sola
y aprendí a volar
y aprendí a correr
aprendí a saltar
aprendí a pegar hasta el final
juego a ser dios y digo sí
juego a ser dios y digo sí
juego a ser dios y digo sí
puedo sentir
puedo gozar
puedo amar
y tener un orgasmo hasta el final
quiero tener...
quiero tener...
muchos orgasmos junto contigo
quiero tener un orgasmo contigo
hasta que la muerte nos separe
orgasmo~muerte hasta el final
orgasmo~muerte hasta el final
y digo si a tu pene y quiero más
y digo si a tu sexo y quiero más
y digo sí a tus drogas y quiero más
y digo sí a tu dinero y quiero más
sí, mami, que traspasa a la eternidad
que alucinante y doloroso ese amor tan intenso
para follarnos el mundo juntos
para follarnos el mundo juntos...
para follarnos el mundo juntos...
tener ese orgasmo juntos
y vivir la vida juntos
y disfrutar la vida juntos
juntos o separados hasta el final
sí quiero follarme la vida hasta el final
sí quiero ponerme el anillo hasta el final
el final de mi cuerpo
el final de mi clítoris
el final de mi sexo
acércate, no tengas miedo,
abre tu mente que quiero entrar
abre tu cuerpo que quiero entrar
no tengas miedo estoy aquí,
quiero sentir,
quiero amar,
quiero cantarte una canción toda la noche...


Orgasmical

martes, 31 de enero de 2006

Hartito

Leyendo las primeras ediciones del pandemonium, me puse a pensar todas las cosas que me tienen hartito, las cositas que me calientan y recalientan.
Por eso, a partir de mañana, este blog empezará con un

"Que jartito estoy ..."

lunes, 30 de enero de 2006

Despedidas

Hoy me dijo que se iba.
Yo no supe que decirle.
Me volvía a dejar sorprendido, no estaba preparado para hacer el resto del camino solo, así como no estaba preparado para concebir el resto de mi vida sin ella.
No me atreví a suplicarle que se quedara, me parecía excesivamente egoista, pensando solamente en mi, obviando que ella también tenía unos objetivos en su vida, y que yo, por supuesto, no era un ode ellos.
Tampoco quise decirle que hiciera lo mejor para ella, en el fondo me jodía imaginarme el resto de mi vida sin ella, y tampoco quería que creyera que no me importaba, que podía ser frío como un témpano.
Me quedé inmovil, sin nada que decir, ahogué una lágrima en el silencio, que termino por brotar, y que enseguida ahogué y quise que e mundo me tragara, maldije mi vida, mandé a la mierda mis proyectos, y saboreé el más amargo de los sabores.
Sólo quería que todo fuera una pesadilla

domingo, 22 de enero de 2006

Los bomberos

Supongamos que dos bomberos entran en un bosque a apagar un pequeño incendio. Al final, cuando salen y van a la orilla de un riachuelo, uno de ellos tiene la cara llena de ceniza y el otro está inmaculadamente limpio.

Pregunta: ¿cuál de los dos se lavará la cara?



Parece evidente que será el que está cubierto de ceniza

Error: El que tiene la cara sucia verá al otro y pensará que está igual que él. Y viceversa: el que tiene la cara limpia verá que su compañero tiene hollín por todas partes y se dirá a sí mismo: "Yo también debo de estar sucio, tengo que lavarme"

sábado, 21 de enero de 2006

El hambre y la soledad

Es mejor tener hambre que estar solo.
Porque cuando estás solo, y no hablo de la soledad que escogemos,
sino de la que nos vemos obligados a aceptar,
es como si ya no formases parte de la raza humana

Peor que caminar solo y miserable,
es tener a alguien a nuestro lado
y hacer que esa persona
se sienta como si no tuviese
la menor importancia en nuestra vida

viernes, 20 de enero de 2006

El convento


Una mañana, un campesino llamó con fuerza a la puerta de un convento. Cuando el herma­no portero abrió, él le tendió un magnífico racimo de uvas.
«–Querido hermano portero, éstas son las más bellas uvas producidas por mi viñedo. Y vengo aquí a ofrecerlas.
«–¡Gracias! Voy a llevárselas inmediatamente al Abad, que se pondrá contento con esta ofrenda.
»–¡No! Las he traído para ti.
»–¿Para mí? Yo no merezco tan bello regalo de la natura­leza.
«–Siempre que he llamado a la puerta, has abierto tú. Cuan­do necesité ayuda porque la cosecha había sido destruida por la sequía, tú me dabas un trozo de pan y un vaso de vino todos los días. Yo quiero que este racimo de uvas te traiga un poco del amor del sol, de la belleza de la lluvia y del milagro de Dios.
»El hermano portero puso el racimo enfrente de él y se pasó la mañana entera admirándolo: era realmente hermoso. Por ello, decidió entregarle el regalo al Abad, que siempre lo había estimulado con palabras de sabiduría.
»El Abad se puso muy contento con las uvas, pero recordó que había en el convento un hermano que estaba enfermo, y pensó: «Voy a darle el racimo. Quién sabe, puede traerle alguna alegría a su vida.»
»Pero las uvas no permanecieron mucho tiempo en el cuarto del hermano enfermo, porque éste reflexionó: «El hermano co­cinero ha cuidado de mí, me ha alimentado con lo mejor que hay. Estoy seguro de que esto lo hará muy feliz.» Cuando el her­mano cocinero apareció a la hora de comer para llevarle su co­mida, él le dio las uvas.
»–Son para ti. Como siempre estás en contacto con los pro­ductos que la naturaleza nos ofrece, sabrás qué hacer con esta obra de Dios.
»El hermano cocinero se quedó deslumbrado con la belleza del racimo e hizo que su ayudante se fijase en la perfección de las uvas. Eran tan perfectas que nadie las iba a apreciar mejor que el hermano sacristán, responsable de la custodia del Santísi­mo Sacramento y que muchos, en el monasterio, veían como un hombre santo.
»El hermano sacristán, a su vez, le regaló las uvas al novicio más joven, de modo que éste pudiese entender que la obra de Dios está en los menores detalles de la Creación. Cuando el no­vicio lo recibió, su corazón se llenó de la Gloria del Señor, por­que nunca había visto un racimo tan bonito. Al mismo tiempo, se acordó de la primera vez que había llegado al monasterio y de la persona que le había abierto la puerta; había sido ese gesto el que le había permitido estar ese día en aquella comunidad de personas que sabían valorar los milagros.
»Así, poco antes de caer la noche, le llevó el racimo de uvas al hermano portero.
»–Come y que te aproveche. Pasas la mayor parte del tiem­po aquí solo, y estas uvas te harán mucho bien.
»El hermano portero entendió que aquel regalo estaba real­mente destinado a él, saboreó cada una de las uvas de aquel ra­cimo y durmió feliz. De esta manera, el círculo se cerró; un círculo de felicidad y alegría, que siempre se extiende en torno al que está en contacto con la energía del amor.

Pablo Coelho "El Zahir"

miércoles, 18 de enero de 2006

Dani Huercio

Se llamaba Dani, Dani Huercio. Y digo se llamaba, porque Dani se ha muerto. Así de simple, así de escueto me lo ha dicho el funcionario cuando le he preguntado, como hago todos los miércoles “puedo hablar con Dani Huercio?”.
No es que fuera mi amigo, ni que fuera la mejor persona, ni nada de nada. Sólo me han venido a la cabeza, un par de flashes. No recordaba que estuviera tan mal. No se le veía tan mal, aunque las defensas él dijo que las tenía bajas. Al habar con el funcionario y preguntarle ante mi asombro, me dijo que había muerto de lo que mueren todos; pero que en su caso no había sido una sobredosis, que llevaba unos días mal, que no bajaba a comer, que se encerraba en el chabolo... Hasta que el día 13, decidieron, por fin, llevárselo al hospital donde murió al día siguiente.
Me resulta triste. Dani no creo que tuviera más edad que yo. Me recordaba en su forma de hablar a aquel personaje que interpretaba Angel Garó: “Pepe Itarburi”. Te miraba sonriéndote de lado, como si te fuera a disparar, bajando la cabeza. Aprendía una frase y la repetía 1000 veces en la misma conversación (querría recordar alguna), era único. Dani tenía esa gracia, como que se iba a echar a reír en cualquier momento, como que sabías que lo que te estaba contando era una fantasmada, pero lejos de intentarte convencerte, disfrutaba contándotela, exagerándola, dándole emoción. Dani en el fondo era un niño que siempre sonreía, como quien espera un regalo con una visita, que te recibía con los brazos abiertos, sin exagerar, porque su forma de saludar era esa, darte un abrazo, como si hiciera años que no te veía y tu fueras un hermano suyo.
Abandonado desde hacía tiempo contaba sus fechorías sexuales, como si de Rocco Sigfredi se tratara, de los robos con su hermano, de los saltos de las verjas de aquel cementerio de coches, de la persecución de los perros guardianes, de cómo se jodió el tendón del dedo, que le dejó el índice de la mano derecha como el hombre garfio.
Dani no tenía muchas luces, o estaba puesto hasta las cejas, rollo porros, o era algo tonto, pero tenía una envidiable sonrisa, a pesar de lo que le había tocado vivir, o del tiempo que ya llevaba en prisión.
Había vivido sus años rodeado de gente, de compañeros de internado, de reformatorio o de prisión y se había granjeado con su sonrisa la simpatía de los funcionarios, a pesar de ser luego el más cabrón de los presos, pero parecía divertirse de vivir, y eso era lo que producía envidia. No había nunca quejas, sólo admiración, como si un cigarrillo fuera el mayor tesoro. Lo exageraba diciendo que aquello era canela en rama, hasta forzarte la sonrisa, y lo malo, o lo bueno, era que se lo creía. Era con el tipo de presos con los que me divertía.
El caso es que me duele que muriera solo, quizás sonriendo, pero solo. Me jode no haberme podido despedir de él, poderle dar un abrazo como los que me daba él y decirle alguna de las frases que el repetía asiduamente, como si fuera el único propietario de la frase. Decirle que había sido todo un placer y todo un honor haberlo conocido y que lo iba a echar de menos cuando volviera a entrar en el 10, y que iba a llorar, porque, joder, le quería. Y despedirme citándolo en el infierno.
Pero no fue así, murió solo. Quiero creer que sonriendo, como era él, pero solo.

A tu mala salud, Dani. Va por ti.