Llegaba de la librería que hay detrás de mi facultad. había adquirido el último libro inspirado en una de mis ideas. Me senté en aquel bar, dispuesto a regalarme un momento de paz y de gloria, porque no, a absorver el tibio sol que el mes de enero regala y a leer el periódico. Había pedido mi café solo sin azucar, y me sorprendió ver tu foto en las páginas centrales.
¡Coño! - Deje caer las patas delanteras de la silla y abrí los ojos ávidamente, como si ello provocara que fuese a verlo mejor.
Tu sonrisa era inconfundible. No habías cambiado nada desde entonces, y desde entonces que no te veía. Aparecías con más arrugas y más mayor. Hablabas de la tensión y el stres que produce el aprendizaje de las lenguas extranjeras. Era un artículo que te habían hecho en Missouri, donde vivías ahora.
Sonreí, y en un flash-back me volvieron todos los recuerdos del pasado; los paseos por delante del colegio, volviendo a casa. Tu risa taladrándome la cabeza, y mi nombre en tus labios susurrado en clase. Aquella vez que me cogiste de la mano, y yo -como dice la canción - no supe si eso era un gesto tuyo natural, o la casualidad, o lo que yo quise creer, recordé cuando te recostabas en mi pecho y me decías que tenías miedo, o cuando ibas sola entre tanto chico y me decías: - ahora tu vas a ser como una chica - para que tu no te sintieras sola; tus paseos en moto, aquel regalo en forma de despertador, tu forma de mirar, tus gestos exagerados; o aquel concurso al que nos presentamos, y en el que nos descalificaron a las primeras de cambio, simplemente porque no sabíamos donde estaba Capocorb vell - fíjate -.
Y ya ves, ahora tu en Missouri, y yo aquí. Igual que ayer
Noticia
jueves, 25 de enero de 2007
Igual que ayer
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1 comentario:
A ver si tu te crees que no te han salido arrigas, guapo¡¡¡jeje
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