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martes, 15 de marzo de 2011

La fiesta del chivo

Me ha costado, lo reconozco.
Me crea cierto estrés, también lo reconozco,
tener libros por leer, que se me acumulen
y tener poco tiempo para leerlo.
También es cierto que si no tengo mucho tiempo de seguido
me cuesta mucho engancharme al libro
Olvido, olvido la trama y olvido a los protagonistas
Los problemas del día me invaden
y me invitan a leer a la vez que pienso en otra cosa
Trabajo baldío el de sembrar en mala tierra.

Sin embargo al final de todo empiezo a entender la trama
simpatizo con cada uno de los protagonistas:
Con Urania, con de la Maza, con Imbert, con Abbey,
Balaguer e incluso con Trujillo y Vargas Llosa.

Una espera una trama más de aventuras
y termina dándose cuenta que todos funcionamos igual.
Aunque no queramos somos rencorosos
y aunque no queramos terminamos por sucumbir
ante unas fuerzas, sin explicación a porque lo hacemos.
Nos damos cuenta que luchamos por un ideal
y que aunque ese ideal termine por no tener sentido
seguimos luchando por él y terminamos dando la vida
aunque no merezca la vida ese ideal.
Entendemos, cuando analizamos todo lo que pasa,
que ni el más malo de todos, es tan malo como parece
y que siempre existe un sentido para las cosas
aunque el fin no justifique los medios utilizados
o aunque uno abuse de todo el proceso
termina siendo una buena causa la que mueve el mundo
y que nos mantenemos fieles no se sabe a qué
para conseguir objetivos que ahora mismo ni nos planteamos.
Luchamos, queremos ser los primeros,
o al menos deseamos ser respetados y admirados
aunque sea en un pequeño detalle.
Todas las actitudes que mantenemos tienen un porqué
y si se siguen mantenieo es porque ofrecen una respuesta
una respuesta que in lugar a duda nosotros mismos damos por positiva
aunque en la mayoría de las ocasiones los demás no las entiendan.
Al final la vida es una fiesta, una foesta en las que unos se divierten
y otros pagan el convite