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sábado, 5 de septiembre de 2009

cuando Pedro llegó

Se había enamorado de él desde el primer momento
Era guapo y discretos, ojos azules, almendrados,
dientes blancos, sonrisa tímida y clara
que hacían que emanaran arrebatos
de ofrecerle la vida desde el primer segundo,
desde la primera sonrisa.
Creía que ellan no era digna de aquel hombre
pero aquel hombre también se fijó en ella.
Cuando fue desabrochando cada uno de los botones de su camisa
fue dándose cuenta que la perfección
también estaba debajo de su cuello
y más tarde debajo de sus pantalones.
El supo hacerle lo que ella quería
mejor de lo que ella hubiera podido imaginar
sin tener que decirle lo que le gustaba
él la llevo donde ella nunca había ido
y le trajo de allí un hijo.
No hizo falta papeles para unirla a aquel hombre
pero el destino quiso que aquel chaparrón de felicidad
no durara más de lo debido
y se lo llevo cuando ella seguía
pasionalmente enamorada de él.
Su muerte avivo su amor por él y ella nucna estuvo con otro.
Pedro, que así también se llamó su hijo, creció
creció imitando los gestos de su padre sin haberlo conocido
imitó sus ojos, su sonrisa tímida y su bien hacer las cosas.
Cuando le cambió la voz, a su madre le dió un vuelco al corazón
al reconocer el timbre de su voz, como la voz del hombre
del que todavía seguí enamorado
y que cada vez reconocía más en su hijo
hasta tal punto que no pudo dejar de enamorarse de él
y de caer, como había caido 20 años antes, en sus brazos
encontrando el sabor de lo que ella buscaba
y desde hacía 20 años no podía tan siquiera imaginar

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