Noticia


martes, 27 de noviembre de 2007

Tu y yo

Iba con la bicicleta, por el centro de la ciudad, envuelto en una atmósfera bohemia, y te vi.
Tu andabas enfrascado en un documento, andando, sin mirar por donde pisabas.
Yo, entonces frené lejos de ti, me quedé mirándote, esperando a que llegaras al lugar donde yo estaba, o que te tropezaras, o simplemente imaginándote en tu ordenador, o en tu escritorio escribiendo todo aquello que habías escrito y que yo había leído.
Ayer mismo había terminado de leer tu última obra, y con una sonrisa, la misma que provocan las historias con final feliz, había acabado apagando la luz de mi mesilla de noche. Las palabras de tus historias habían sido la sintonía de mi sueño.
Tu, llegaste a mi altura, milagrósamente sin tropezar con nada y entonces, antes de que pasaras de largo...
Yo te saludé.
Tu te quedaste embobado sin saber muy bien que decir.
Yo me presenté y te conté que había terminado de leer tu última obra y que me había quedado muy... y no me salían las palabras.
Tu agachaste la cabeza y enrojeciste mientras me dabas las gracias antes de que yo terminara
Yo entonces te miré a los ojos intentándote robar algo de genialidad
Tu, entonces, me dijiste que te alegrabas de verme, con la convicción de que la despedida inmediata no sonara a desagradable.
Yo entonces te sonreí y me despedí con la misma sonrisa que ayer mi boca despidió el día.
Tu marchaste avergonzado y con las prisas que tienen los protagonistas de tus historias.