Noticia


domingo, 9 de diciembre de 2007

Me queda claro (En bicicleta)

Que algún loco anda suelto, no me cabe la menor duda.
Como no me cabe la menor duda que algún peatón en alguna ocasión se habrá sentido atemorizado por el repentino encuentro de alguna silenciosa bicicleta, a sus espaldas, o frente a él.
Tampoco me cabe ninguna duda que alguno irá haciendo el loco por la carretera con su bicicleta, o incluso por la acera, incluso que alguien se dedicará a robar bolsos a bicicleta armada. Si hay de todo en la viña del señor.
También me queda muy claro que lo de la bicicleta no es una cuestión política, por más que ahora quieran politizar hasta el olor de los pedos.
También me queda claro que en la mayoría de esos países que nos llevan la delantera en casi todo lo bueno y están detrás de nosotros en casi todo lo malo, que se hace un uso muy frecuente de la bicicleta, aun en peores condiciones climatológicas que nosotros; y que eso me hace pensar que por algo será.
Y con todo ello también me queda claro que habrá siempre algún tarugo gilipollas que piense que lo de la bicicleta es un peligro para la sociedad. (Me permito utilizar tales calificativos, porque me parecen igual de gratuitos que los que hace algún articulista al adjetivar despectivamente a los "bicicleteros"). Por tanto no le doy más importancia a todo ello.
Me parece justo que cada uno vaya a defender lo que mejor le convenga. Y eso sí que luego son decisiones democráticas (lo que la mayoría quiera, independientemente de que sea lo mejor para la mayoría), pero de ahí a insultar, provocar o intentar manipular al lector me parece un tanto descabellado.
Hagase usted a la idea de que los actos, sean cuales fueren, no tienen porque tener unas connotaciones partidistas (que sí políticas), y que si usted lee el ABC o el País, o es del PP o del PSOE, no tiene que hacer lo que sus congéneres de partido digan.
No sea usted un borrego, y se crea lo del cambio climático por que lo dicen socialistas, o se crea que las bicicletas son un peligro porque lo diga el PP. Salga a la calle, observe, utilice el sentido común (el menos común de los sentidos) y opine, desde una visión muy particular, y no generalice, ni partidice sus ideas. Quizás así consiga ser genuino y auténtico