Noticia


jueves, 5 de enero de 2012

Max

Llegaba a casa de una amiga
y fuiste tu a abrirme la puerta.
No dijiste nada, sólo sonreiste
y eso fue suficiente para robarme el corazón.
Extendiste las manos
demandando lo que me habías robado.
No me sentía robado
sino que sentí que mi vida tenía valor
porque tu se la dabas.
Te sentaste en la puerta
abriendo el corazón, envuelto en papel de regalo
que te había dado.
Me volviste a mirar, me sonreiste
y "Gracias" fue la primera palabra que escuche de tus labios.
Luego entramos en la cena que mi amiga nos había preparado
y donde tu eras el invitado sorpresa
convirtiendo en el centro de atención.
Todo lo demandabas, todo
Todo lo que decíamos y compartíamos
llenaba tus oídos, tus manos y tu sonrisa.
A pesar de todo ello me fui sin saber muy bien
cuando ni donde habías nacido
sin escucharte ni una sola palabra
y sintiendo que ya eras muy importante para mi.