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miércoles, 26 de octubre de 2005

Cerrando Círculos

O cerrando puertas. O cerrando capítulos. Como quiera llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos. Lo importante es poder dejar ir momentos de la vida que se van clausurando. ¿Terminó con su trabajo? ¿Se acabó la relación? ¿Ya no vive más en esa casa? ¿Debe irse de viaje? ¿La amistad se acabó? Puede pasarse mucho tiempo de su presente 'revolcándose' en los porqués, en devolver el cassete y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito porque en la vida, usted, yo, su amigo, sus hijos, sus hermanas, todos y todas estamos abocados a ir cerrando capítulos. A pasar la hoja. A terminar con etapas o con momentos de la vida y seguir para adelante. No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió. Y hay que soltar, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. No. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa. Papeles por romper, documentos por tirar, libros por vender o regalar. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente. El pasado ya pasó. No espere que le devuelvan, no espere que le reconozcan, no espere que ”alguna vez se den cuenta de quién es usted”. Suelte el resentimiento, el prender “su televisor” personal para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo. La vida está para adelante, nunca para atrás. Porque si usted anda por la vida dejando “puertas abiertas”, por si acaso, nunca podrá desprenderse ni vivir lo de hoy con satisfacción. Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de “regresar” (¿a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron. ¡Si puede enfrentarlos ya y ahora, hágalo! Si no, déjelo ir, cierre capítulos. Dígase a usted mismo que no, que no vuelve. Pero no por orgullo ni por soberbia sino porque usted ya no encaja allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio, usted ya no es el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a que volver. Cierre la puerta, pase la hoja, cierre el círculo. Ni usted será el mismo ni el entorno al que regresa será igual porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por usted mismo desprender lo que ya no está en su vida. Recuerde que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, nada es vital para vivir porque cuando usted vino a este mundo “llegó” sin ese adhesivo, por lo tanto es “costumbre” vivir pegado a él y es un trabajo personal prender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy le duele dejar ir. Es un proceso de aprender a desprenderse y humanamente se puede lograr porque, le repito, nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero... cierre, clausure, limpie, tire, oxigene, despréndase, sacuda, suelte. Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escoja, le ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!
Paulo Coehlo

7 comentarios:

Anónimo dijo...
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Laura dijo...

ufffff rafaga!!! qué intenso! qué ganas dan de cerrar algún que otro círculo...
Un besazo fuerte!

Phil dijo...

Jelou Ibiza Man, esto mismo pero con otras palabras creo que ya se lo he leído a De Mello.

Estoy de acuerdo más o menos con todo, pero hay momentos en la vida en los que te sientes tan fundido con otra/s persona/s que el ejemplo deja de servir. De una especie de etiqueta pasa a ser una aleación que es muy difícil de separar.

Ahora mismo soy incapaz de plantearme la vida sin F. y sin Saúl. Supongo (es mucho suponer) que si me los arrebataran saldría adelante, pero el mero hecho de pensarlo, de imaginarlo en mi cabeza ya me produce dolor, y aunque me duele no me arrepiento lo más mínimo porque creo que es lo mejor que me ha pasado. Esto contradice de alguna manera esta filosofía del desprendimiento y de la felicidad interior en la que nos hemos formado, pero sinceramente querido, hoy por hoy me la repanpinfla.

3 besos

Anónimo dijo...
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libertad dijo...

que cierto es...pero cuanto cuesta cerrarlos...

chin dijo...

Eso. volver ? Para qué ?
Todavía no me ha contestado y ya han pasado unos años. Si hubiera tenido respuesta, quién sabe. A lo mejor habría vuelto.

Pero como repetimos nuestros errores, lo único que ha cambiado desde entonces ha sido su nombre, el color del pelo y esos pequeños detalles.
Qué le vamos a hacer.

sabelu dijo...

Para cerrar algunos círculos hay que ser muy valiente y no siempre lo somos... por lo menos yo