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viernes, 14 de octubre de 2005

Tirando a dar

Llegó tu hora.
Es inútil que grites, que pidas otra oportunidad, que decidas cambiar… llego tu hora.
Es tu hora 25. Estás fuera del círculo del tiempo; has abandonado el ritmo de los días. Has traspasado la frontera de lo posible para entrar en el reino de lo inevitable.
Y mira que te lo habían advertido.
Ni siquiera le hiciste caso a tu pobre padre cuando te lo gritaba desde su lecho de muerte.
- ¡Rebélate!, ¡Huye! Existe todo un mundo más allá de ti mismo y tus cuatro paredes. ¡Escapa! Al menos morirás con dignidad.
Ni caso.
Escapar… ¿De quién? ¿Para qué? ¿A dónde? ¡Qué tontería! Un testamento de luz y desesperación escrito con sangre y lágrimas para nada.
Tú estabas bien.
Todos trabajaban para ti. Te alimentaban, te limpiaban tu habitación, controlaban tu salud, te procuraban calor en el invierno… Resolvían todos tus problemas. Ni siquiera te molestaste en agradecer tantos cuidados. Podrías haberte preguntado por qué cada día te llovía la comida desde el cielo. Pero no ¿A quién le importaba eso?
Tus amigos eran soportables. No eran más que amigos para comer y beber, pero… ¿Quién necesita más? Unos venían, otros se marchaban. Jamás te interesó por qué lo hacían. Nunca entablaste una verdadera amistad… ¿Para qué?
A veces te llegaban voces del mundo exterior; nuca te importaron lo más mínimo.Cuando la gran inundación, murieron muchos de tus compañeros. El restallar de los relámpagos y el fragor de las aguas no lograban apagar sus gritos de socorro, pero tú no los oíste. Alguien se ocupó de que no te ahogaras. ¿Quién lo hizo? ¿Por qué? Te salvaste. Tenías comida, bebida, y una habitación seca y caliente. ¿A ti qué, si se hundía el mundo entero?
Pero llegó tu hora. Hoy es el día de mañana. Al fin se te ha revelado la razón de tu existencia.
Ya no eres más que un sollozo agonizante, una lamentación desplomándose sobre el filo del cuchillo. No queda fuerzas ni para respirar.
En fin, voy a callar, porque sospecho que no puedes oírme. Además, me ha dicho el psiquiatra que he de abandonar la manía de venir al matadero a charlar con los cerdos degollados

3 comentarios:

sabelu dijo...

Me tienes realmente intrigada.

Beso

Uno que mira dijo...

Vaya. Buenas. Soy uno que mira. Encantado. Quiero hacerte una bienintencionada apreciación (abejita :-p).Tu texto debería terminar en: En fin, voy a callar.. Después sólo puede ir un punto final. Como mucho (como muchísimo) unos puntos suspensivos. La sospecha, el psiquiatra, la manía, el matadero y los cerdos degollados sobran. No es que sean prescindibles. Es que desmejoran el resto del texto. Da la impresión de que ni siquiera tú te tomas en serio. Y una cosa es ser un escéptico, dudar hasta de lo que uno dice, y ser lo suficientemente flexible como adecuar su opinión si se la modifican a uno a base de argumentos y/o experiencias. Pero tu visión no es la visión de un loco, o por lo menos no la visión de un loco a la manera de la psiquiatría. Es la visión de un hombre atento, de un ser humano.

Pero tú mismo.
Que yo también acojo la duda por principios.

Encantado de verdad. Eres todo un descubrimiento.

libertad dijo...

simple???...sí, a lo mejor va a ser verdad que eres simple...Voy a leerlo otra vez.