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viernes, 21 de octubre de 2005

El valor de la palabra

En una ocasión un ingeniero mecanico fue llamado a arreglar una máquina muy grande y extremadamente compleja... una máquina que valía 12 millones de dólares.
Sentado frente a la máquina, oprimió unas cuantas teclas, asintió con la cabeza, murmuró algo para sí mismo y apagó el aparato. Procedió a sacar un pequeño destornillador de su bolsillo y dio vuelta y media a un minúsculo tornillo. Entonces encendió de nuevo la máquina y comprobó que estaba trabajando perfectamente.
El presidente de la compañía se mostró encantado y se ofreció a pagar la cuenta en el acto. ¿Cuánto le debo? -preguntó.
- Son mil dólares, si me hace el favor.
- ¿Mil dólares?, ¿Mil dólares por unos momentos de trabajo?, ¿Mil dólares por apretar un simple tornillito?. ¡Ya sé que mi máquina cuesta 12 millones de dólares, pero mil dólares es una cantidad disparatada! La pagaré sólo si me manda una factura perfectamente detallada que la justifique.
El ingeniero mecánico asintió con la cabeza y se fue.
A la mañana siguiente, el presidente recibió la factura, la leyó con cuidado, sacudió la cabeza y procedió a pagarla en el acto, sin chistar.
La factura decía:
Servicios prestados:
Apretar un tornillo...................... 1 dólar
Saber qué tornillo apretar......... 999 dólares

Lo mismo pasa con la palabra.
Decir cualquier palabra no cuesta nada,
saber que palabra es la que hay que decir, cuesta mucho

El valor de las palabras está en saber lo que dices, no en lo que se dice