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sábado, 14 de abril de 2007

¡Mentiras!

Hoy en clase explicaremos dos tipos de mentiras:
La primera,


La falacia del hombre de paja

Es una forma de la falacia conocida como argumentum ad logicam, consistente en rebatir un argumento que no se corresponde exactamente con el ofrecido por el interlocutor, aseverando luego que se ha rebatido a éste.

Otras variantes retóricas de la falacia del hombre de paja incluyen el rebatir las afirmaciones de un interlocutor, y tomar ello como prueba de que se han rebatido todas las defensas posibles de las mismas, o elaborar una imagen caricaturesca que se asemeje en algunos aspectos al interlocutor y emplear las críticas a ésta (ya falaces como argumenta ad hominem) como pruebas de refutación.

Por ejemplo: Imaginemos la siguiente escena:

Dos amigas en una tienda de muebles, observando una mesa horrible.
Una de ellas dice:
- No me gusta esta mesa porque está hecha de nogal.
Y la otra replica:
- No, perdona: es de madera de cerezo.
Y la respuesta de la primera es espetarle:
- Lo que ocurre es que a ti te gusta esta mesa, te encanta cómo está fabricada y te la llevarías a casa ahora mismo si pudieras. De hecho, no me extrañaría que tuvieras algo que ver con el fabricante. No entiendo cómo puedes defender semejante engendro.

¿Está claro?

La siguiente de las falacias se llama
Argumentum ad hominen.
Un argumento ad hominem (en latín, ‘dirigido al hombre’), es una falacia lógica que implica responder a un argumento o a una afirmación refiriéndose a la persona que lo formula, en lugar de al argumento por sí mismo. Un argumento ad hominem (y por tanto, falaz) tiene esta estructura:

1. A afirma B;
2. Hay algo cuestionable acerca de A,
3. Por tanto, B es falso.

A menudo consiste en un simple (y normalmente inmerecido) insulto al oponente, pero también puede implicar la mención de fallos de carácter o acciones discutibles. La razón por la que es falaz es porque, normalmente, los insultos e incluso los defectos del oponente no afectan a la veracidad o al soporte lógico de las afirmaciones del oponente.

"Usted no puede afirmar que mi acción es inmoral porque ha estado en la cárcel".

El hecho de que yo haya estado en la cárcel no convierte en morales las acciones de mi interlocutor ni me impide denunciarlas, y ambos hechos carecen de relación entre sí.

Por ejemplo:
- "Juan dice que Miguel es un estafador".
"¿Juan? Mira, ese mejor se calla, que yo lo he visto detrás de las niñas del instituto".

Otro día, un poco más de cultura

2 comentarios:

dulcinea dijo...

uhmm...voy a necesitar leer esto más veces, eh???...,) jeje.

Rafa dijo...

Jejejeje... ya me extrañaba...