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miércoles, 16 de abril de 2008

Bebiendo de las fuentes


Aodayo, aodayo - gritaba mientras se iba acercando a la fuente donde su hermana mayor haciendo grandes esfuerzos para unir su fuerza y su maña, para poder beber de aquel agua fresca que encerraba aquel duro aparato de hierro que sólo vomitaría el fresco maná a aquellos más aguerridos entre sus visitantes.


Estaba claro que para su hermana mayor suponía un handicap apretar con fuerza ese botón e inclinar la cabeza para refrescarse. Y por supuesto no entraba en sus planes dar de beber a su hermana menor, que como todos los hermanos pequeños aprendió la envidia de lo que poseían sus hermanos mayores y la astucia para conseguir lo que no estaba a su alcance.


Con el grito de "aodayo", suplicaba a su hermana mayor, que llegaba su turno para beber.


La hermana mayor ignoró el vocablo adaptado por su hermana, y seguía ingeniándose para poder apretar y beber al tiempo.


La pequeña, que ya había llegado hasta el lugar donde se encontraba su hermana, y ajena a todo aquel proceso de ingeniería a la vez que conocedora de sus limitaciones; aprovechándose del aprendido cuidado al que los mayores siempre le habían sometido, pedía el favor de su hermana:"¿Mapetas?"


La hermana que parecía no haber reparado en la evidente presencia de la pequeña seguía a las suyas sin prestar atención a lo que pasaba a escasos centímetros de ella. Y ajena a la ignorancia de su hermana mayor, la pequeña parecía confiar en la ignorada suplica a la que había sometido a su hermana.


En un siguiente intento, apretó el botón con dureza exprimiendo el agua de aquella fuente a la vez que aproximaba su boca al flujo de aquel armatoste de hierro que descendía del caño al suelo


Consiguió beber, ignorando que centimetros debajo de ella, su hermana, con los ojos cerrados y la boca abierta, bebía del agua que había chocado contra su mejilla, aquella agua que había escapado de su boca, y que la pequeña agradecía como un tesoro dondado gratuitamente por su hermana con amor