Noticia


sábado, 29 de noviembre de 2008

KIU

Hasta que no lo leí en aquel libro no recordaba que ese había sido mi seudónimo en mi infancia, el que me había hecho llegar hasta lo que buscaba sin desvelar mi identidad.
Me ha recordado, mejor dicho, me ha descubierto un pasado soterrado en mi memoria tanto que me ha sorprendido acordarme de KIU, que tantas veces me había ayudado a ponerle un sujeto a las cartas que envie.
Tengo que reconcoer, que al más estilo Cyrano de Bergerac, la literatura no se me daba mal, o al menos no era evidentemente mala para las pequeñas lectoras de mis escritos. Los versos de amor, los acercamientos, las incognitas, los secretos que tras el nombre de KIU se guardaban exhalaban algo de misterio que enganchaba a mis víctimas, que digo a mis víctimas, a las chicas que me gustaban y que nunca tuve la valentía de decírselo, teniéndome que conformar con ver en su mirada la inquietud del desconcierto, el oteaje entre los jóvenes, evidenciando en cualquier momento que podía ser yo el autor de aquellas letras: muchacho insignificante, para tanta palabrería, para tal desbocada verborrea.
Las mismas chicas que hoy serán unas pedorras en brazos de algunos mazas, o dueñas del braguetazo del siglo, casadas con un heredero de la buena suerte o del futuro, que hubieran hecho conmigo, un enamorado de los versos.