Noticia


domingo, 8 de febrero de 2009

El poder de la palabra

Tenemos la más poderosa de las armas
siempre cargada a punto de ser disparada
es un arma que no mata, casi nunca mata
pero hiere mortalmente.
Tenemos munición suficiente para cargarnos todo el planeta
o por lo menos toda la parte del planeta que nos entiende.
Conocemos al enemigo,
y los más osados sin conocerlos,
disparamos nuestros dardos envenenados,
la mayoría de veces sin intención de herir a nadie
ensayando movimientos que nos hagan superiores a la manada;
en la mayoría de ocasiones, fruto de la necesidad de sentirse mejor
o más fuerte, hiriendo al compañero.
Nos sentimos en el derecho de poder
disparar palabras envenenadas al enemigo
aunque nosostros no digamos que lo es.
Sentimos el derecho de juzgar a los demás
colgarles etiquetas, y lo que es peor,
disparárselas en público, para el escarnio del respetable;
y cínicamente nos atrevemos a decir que no era con mala intención,
y luego somos capaces de castigar y de oponernos
a quienes disparan palabras de verdad
que lejos de hacer sufrir al otro,
le evitan el futuro sufrimiento de nuestras palabras