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sábado, 28 de febrero de 2009

Recuerdos

La primera vez que vine a esta ciudad apenas contaba con 15
La primera vez que llegué aquí no conocía a nadie, ni sabía si era eso lo que venía a buscar.
La primera vez que pise el suelo donde ahora estoy conocí al que ahora es mi mejor amigo.
Entonces, después de aquella primera vez empecé a escribir cartas. Nunca había escrito ninguna y sin embargo casi durante 20 años estuve escribiendo cartas semanalmente.
Mi regalo del día podía ser una carta

Recuerdo primero que me hice con una llave del buzón, ese objeto que hasta entonces no sbía muy bien para que servía.
Mi aliciente escolar era el momento de volver a casa y abrir el buzón, encontrar manuscritos hablándome de ridiculeces, de grandes secretos, de sesudas reflexiones.
Recuérdome sentado en mi cama leyendo pequeños testamentos a la hora de comer y mi madre llamándome al orden gastronómico.
Luego recuerdo que reconocía el ruido de la vespa del cartero, incluso la hora que diariamente venía a casa. Dejaba entonces de estudiar, lo espiaba por la ventana y cuando lo veía salir del portal, salía corriendo hacia el buzón.
Recuerdo que cartas llegaron incompletas, sin la dirección e incluso con el número de portal cambiado, y sin embargo llegaban.
Recuerdo los secretos que dejé enterrados en las letras, los momentos que ahora ni tan siquiera recuerdo, pero que sé que estos amigos tienen escondidas en un cajón polvoriento.
Recuerdo lo que me gustaba recibir cartas, como hoy me gusta recibir mails escritos para mi, aunque no hablen de mi, aunque no sean manuscritos, aunque no cuenten nada, o cuenten grandes secretos, o pequeños testamentos... Me da igual.
Me alegra mucho saber de ti.