Noticia


miércoles, 10 de febrero de 2010

Amores prohibidos

Nos amamos,
la casualidad,
el tiempo de crisis,
la soledad,
el caso es que no sé que fue,
pero nos amamos,
nos amamos fortuitamente
pero ya que estábamos,
nos amamos.

Como todos los amores que surgen en tiempo de crisis, el nuestro fue un amor perseguido, ni mis padres, ni los suyos, ni mis amigos, ni los de ella, ni nadie aceptaba nuestro amor. No podía pronunciar su nombre sin que lloviera sobre él, una crítica. Ningún paraguas de compasión ni atisbo de que nadie quisiera bucear en mis sentimientos ni en los suyos.
- Me da igual, me da igual todo. Yo la quiero - eran toda mi respuesta a cualquier lapidación verbal, a cualquier fusilamiento por la espalda, a cualquier intento de hacerme entrar en una sin razón.
Toda mi vida era ella y todo el amor era ella. Los demás escupían ácido. Sólo hayamos consuelo en el cuerpo del otro. Nunca nos enfadamos, nunca una mala contestación ni una mala cara hacia el otro. Eramos dos en la lucha y no podíamos fallarnos, no teníamos la mínima intención de hacerlo. Nos quisimos como si fueramos uno
Hasta que todo se calmó. Cuando volvió la abundancia, cuando la gente miró hacia otro lado, cuando la gente fue feliz y dejó de criticarnos; cuando la gente tuvo alegrías que mirar y nos dejó por imposible, entonces nosotros no supimos de quien defendernos, no tuvimos palabras para saber hacia donde íbamos y nos quedamos sin aquello que nos había unido hasta el momento: Los demás.
Ahora ya nos aburrimos, no nos odiamos, simplemente hemos dejado de querernos, de sentir la necesidad de estar juntos, porque no hay a nadie a quien debamos demostrar, con razón o sin ella, que nos queremos.
Y ahora, ahora ya no nos amamos.