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martes, 2 de febrero de 2010

Amores platónicos

Dicese del amor, que a colación del mundo de las Ideas propuesto por Platón, queda en eso, en una idea, en un ideal.



Me encontré ridículo enamorándome de ti. Aquel amor no tenía pies ni cabeza, no tenía futuro ni principio. No tenía por donde cogerse, pero sin embargo, me enamoré.


Te busco con el reflejo de la mirada. Sé donde estás y cuando no sé donde estás es porque no quiero que pienses que siempre te estoy buscando. Habrá que hacerse también el interesante, por eso no siempre te miro. cuando te miro, te miro con todo el amor que soy capaz de dar, pero no quiero que te des cuenta, no quiero que creas que me gustas, que te quiero, y quedar como un idiota si tu no me quieres, por eso no te miro todo el rato, pero sé que estás. a veces sé que estás y cuando me giro, como por casualidad, ya no estás, y entocnes me doy cuenta que no sé tantas cosas, y que solamente las creo.

A veces me hablas, sé que... bueno quiero creer que has medido las palabras, que te has dirigido a mi para yo ser el único protagonista de tu vida durante esos 10 segundos, donde toda tu vida está dedicada a mi. Yo siento en ese momento que me respiras, que me disuelvo dentro de ti. Sólo se me ocurre en ese momento decir gilipolleces, de las que luego me arrepiento, y me da rabia, pero tu te ríes. Quiero creer que te ríes porque te hace gracia, y no porque te parezco ridiculo, pero si te ríes porque te hace gracia, es porque te gusto, aunque sólo sea un poco. Te miro, me avergüenzo de ser el autor de la sonrisa que ahora mismo dibuja tu vida.

Cuando te descubro mirándome, una vez en la vida, creo que los planetas se han alineado, pienso que no tengo dudas de que tu me quieres, sin embargo en pocos segundos creo que ya no me miras, que yo he querido creer que me mirabas, pero tu no me mirabas a mi, o no mirabas a ningún sitio.

Digo tu nombre, cierro los ojos, me llena por dentro, lo vuelvo a rapetir en diminutivo, te imagino tu sonrisa, tu mirada, como aquella vez, aquella única vez que me miraste, dije tu nombre y me sonreíste