Noticia


viernes, 25 de noviembre de 2011

Dos segundos

La situación es sencilla. Hoy ha salido el sol,
después de cerca de una semana lloviendo.
Se han secado las aceras y brilla timidamente el sol.
Coincide con mi día libre, y me regalo un paseo
cerca de la playa y un banquito me invita a sentarme
de cara al sol y cerrar los ojos y sentir que respiro.
Es sencillo, verdad?
Antes de cerrar los ojos para dar gracias a la vida
por todo aquello, por la lluvia y por el sol,
por el trabajo y por mi día de descanso.
Por encontrarme bien, porque nada me duele,
porque tengo gente al lado,
que sin estar a mi lado me demuestra que me quiere.
Pasan por mi mente las personas con nombres y apellidos
y veo sus sonrisas y recuerdo momentos
y sonrío por dentro cuando recuerdo sus sonrisas,
sin prisas, sin tiempos.
Cuando abro los ojos después de ese regalo que me he hecho
me vuelvo a sorprender dándome cuenta
que el tiempo no ha pasado.
No es que haya sido más lento, o más rápido;
es que el último coche que vi antes de cerrar los ojos,
una furgoneta blanca que giraba en aquella calle,
seguía girando en aquel cruce,
y a los abuelos que venían andando y hablando
y a los que dejé de escuchar cuando cerré los ojos,
o seguí oyendo sin darme cuenta,
seguían en el mismo sitio hablando y andando,
como si apenas dos segundos hubieran servido
para abarcar todo mi pensamiento,
mi lento pensamiento.