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martes, 15 de noviembre de 2011

Silencio

Se había reducido cualquier atisbo de esperanza de encontrar a alguien con vida dentro de mi corazón. Había rastreado y sólo resonaban ecos de unas voces, que reconocían cualidades en mí, por otro lado, ya olvidadas.
El mundo seguía vivo, pero ignoraban mi presencia como si yo hubiera muerto. Mi voz se oía pero no se escuchaba, y aunque estaba seguro de que me miraban parecía que nadie me veía.
Mi teléfono dejo de sonar de un día para otro, y nadie de mi agenda respondió a ninguna de mis llamadas. Unas veces saltaba un contestador, otras veces el teléfono sonaba y sonaba hasta la saciedad. Probé a llamarme varias veces para ver si el teléfono funcionaba. Fue únicamente entonces cuando pude oír el sonido del timbre de mi teléfono, pero ni incluso yo mismo me lo cogí. Dejé que el desconcierto se fuera volviendo en sentido pésame, acepté desilusionado la derrota y me dejé de mirar en espejos, de hablar conmigo, de sonreír y me fui marchitando, descuidando sin darme cuenta hasta desaparecer de la realidad