Noticia


jueves, 24 de febrero de 2005

la fragilidad del ánimo

Sólo se preocupan de las nimiedades aquel que no tiene otra cosa de la que preocuparse.
Estar parado, como lo estaba L'amo Joan a ses Sitjoles, en una esquina, sentarse y ver pasar la gente, ver la cara de la gente, hacia dónde va o de dónde viene, incluso adivinar las intenciones en su rostro, da la oportunidad de fijarse en los detalles de las cosas. Eso supone un arma de doble filo, porque además de ver todo lo bueno, se ve todo lo malo, y todo cobra magnitud. Sentarse ne un parque y ver que viene un niño a tocarte y se va, me pone la piel de gallina hasta casi hacerme llorar. También una llamada que esperaba y no ha llegado, me pone tristísimo, aunque no esperase que me fuese a contar nada en especial.
Mi ánimo, como lo está mi pierna, se ha visto debilitada y se ha hecho frágil como mi tendón. Me preocupan las mayores chorradas, me alegro por las tonterías más grandes, me agobio por nimiedades.
Habrá que cambiar de actitud, y saberse sentar a la orilla del camino para ver como pasa la vida, sin acritud ni envidia, sonriendo a quien lo necesita, y a quien nadie le ha echado cuenta. Habrá que aprovechar lo bueno de estar sentado para sacarle todo el jugo a la vida