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viernes, 2 de junio de 2006

Terminó mi vida

Cuando supe que me moría, intenté salir con la mejor de mis caras del hospital, no quería que nadie leyera en mi rostro que tenía fecha de caducidad, no soportaría la idea de que la gente tuviera pena de mí. No me gusta la misericordia, ni la lástima cuando se dirigen a mí. ASí que a nadie le dije que me moría.
A nadie no, si se lo dije a Ana. Alguien debía ser mi válvula de escape, con alguien debía poder llorar la angustia que me corroía por dentro, en algunos brazos necesitaba desplomarme sin tiempos, sin pensar que pensaría, y a Ana aún la vería unos cuantos días.
Enjuagadas mis lágrimas, ahogada la melancolía a la vida, me dispuse a llamar un a uno a los amigos que me parecían importantes, para quedar y despedirme, a algunos confesarles el secreto de que me moría, de que no nos volveríamos a ver. Realmente los encuentros fuern más festivos, recordando lo vivido con ellos, contándome sus planes ellos y ausentando de mis labios los míos; llegaba un momento de la conversación, de las cenas, de las noches en vela, en que insistían en saber que iba a hacer con mi vida, y yo sonreía, medio sonreía, miraba al suelo, para saber cual era la primera de las palabras que iba a decir para luego clavar mi mirada en sus ojos, y decirles que lo único que me quedaba en esta vida era despedirme, y que para eso había llegado hasta su casa. Luego sin prisas y sin tiempos les iba diciendo aquello que nunca me atreví a decirles: que les quería, que aquellos roces que tuvimos hoy no tienen sentido y que si lo tienen fueron solo para pulir esas asperezas que nos hacían alejarnos un poco más y que ahora ayudaban a que encajáramos como perfectas piezas de un puzzle. Decirles GRACIAS por tener la suerte de haber contado con ellos en mi vida, y por todo lo que había aprendido de ellos, y asegurarles que no sé si podría haber sido mejor la compañía, pero que había sido un lujo que se cruzaran nuestras vidas en algún momento. Abrazarlos intensamente, besarlos... Y luego decirles lo que podía esperar de ellos. Pedirles que no me olvidaran, porque sólo entonces estaría de verdad muerto, cuando ya no existiera ni en el recuerdo de mis amigos, de mi familia, de los míos.
Les conté que quería momentos de calma, cuando me muriera, que no había prisa, ni lloros, solo risas y sonrisas y recuerdos y alegrías; y si los lloros tenían que ser de algo quería que fueran de alegría.
Les conté que me gustaría que una vez que me muriera me incineraran y me echaran a los pies de aquel olivo que cuando tenía 33 años planté, y que tantas veces había sido el origen de la pequeña sombra de mis alegrías, de las tertulias en mi jardín, de las confesiones entrada la medianoche. Y que cuando quisieran se acercarán allí. Que lo poco que quedaba de mi en cuerpo estaría en aquella tierra y lo mucho que quedaba de mi alma estaría a la sombra de ese olivo.
Luego con cada uno de ellos fuimos diseñando como me gustaría que fuera el último día, igual que un día pensara como me gustaría que fuera mi boda, cuidando cada uno de los detalles que quería conmigo.
Y así fue como un día termino mi vida.

5 comentarios:

Lorena dijo...
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Dulcinea dijo...

- ¿un paño de lágrimas?
-¿qué es un paño de lágrimas?
-Pues verás...No pesa y no se toca, como los secretos.Y como los secretos se comparte. Nace del silencio, del respeto y del amor (PURO Y DURO me atrevo a añadir), no responde a razones, ni a leyes,no entiende de momentos, ni de tiempos, ni de lugares,y aunque calladito,sabe interpretar los gestos y las miradas como el mejor de los violinistass...no necesita palabras,sólo "ES".


"sonrío a tu sonrisa,con esa ráfaga tan especial".

Dulcinea dijo...

A veces es necesario morir, para seguir viviendo,
(pero por favor,no lo conviertas en enfermedad terminal que ya sabes que soy mogollón de hipocondriaca...Uy uy uy..la neumonía...jeje)
...Por cierto...cuando dejes de ser ola porque vuelvas a pertenecer al mar, iré con tus amigos a celebrar contigo la Noche de San Juan. Nos bañaremos de tu presencia, y cuando te acerques a la orilla podrás oirnos reir, y entonces estoy segura que juguetón y puñetero, como sólo tú sabes hacerlo... te inflarás y te alargarás hasta nosotros, mojando las toallas, humedeciéndonos la piel, y jodiéndonos un poco...jeje.
...."y Habitó entre nosotros".

libertad dijo...

jajajaj...muy buenos tus comentarios dulcinea. Contrastes y entendimiento. Besos!

Dulcinea dijo...

gracias por tus palabras libertad, me animas a que siga siendo una..."¿metomentodo?" jaja. Qué manera de opinar acera de todo¡¡