Noticia


martes, 31 de octubre de 2006

Campanadas en el fondo del mar,
carcajadas que me hicieron llorar
Un piano con dos copas de más,
y unas manos que lo sepan tocar.
Oraciones para gente sin fe,
tentaciones de volver a beber
el veneno que tus labios me dan,
el obsceno beso de la verdad.
La balada de la casada infiel,
demasiadas cosas por aprender,
el cartero de tus cartas de amor,
el primero en sacarte a bailar un vals.
El vals de la tristeza más triste del mundo,
la belleza que dilapidé,
la pereza de los vagabundos,
el rompecabezas que no terminé.
La palabra secreta,
la mano que planta violetas en el hormigón,
la ternura de los dinosaurios,
el aniversario de la soledad.
La liturgia de las despedidas
la bala perdida que viene por mí,
la nostalgia que amarga la huida,
la banda sonora de lo que viví.
La canción que se canta al oido,
la canción que no quieres oir,
la cantamos los malos maridos
cuando, en el olvido, pensamos en ti.

J Sabina
La Canción de los buenos borrachos