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jueves, 25 de enero de 2007

Igual que ayer

Llegaba de la librería que hay detrás de mi facultad. había adquirido el último libro inspirado en una de mis ideas. Me senté en aquel bar, dispuesto a regalarme un momento de paz y de gloria, porque no, a absorver el tibio sol que el mes de enero regala y a leer el periódico. Había pedido mi café solo sin azucar, y me sorprendió ver tu foto en las páginas centrales.
¡Coño! - Deje caer las patas delanteras de la silla y abrí los ojos ávidamente, como si ello provocara que fuese a verlo mejor.
Tu sonrisa era inconfundible. No habías cambiado nada desde entonces, y desde entonces que no te veía. Aparecías con más arrugas y más mayor. Hablabas de la tensión y el stres que produce el aprendizaje de las lenguas extranjeras. Era un artículo que te habían hecho en Missouri, donde vivías ahora.
Sonreí, y en un flash-back me volvieron todos los recuerdos del pasado; los paseos por delante del colegio, volviendo a casa. Tu risa taladrándome la cabeza, y mi nombre en tus labios susurrado en clase. Aquella vez que me cogiste de la mano, y yo -como dice la canción - no supe si eso era un gesto tuyo natural, o la casualidad, o lo que yo quise creer, recordé cuando te recostabas en mi pecho y me decías que tenías miedo, o cuando ibas sola entre tanto chico y me decías: - ahora tu vas a ser como una chica - para que tu no te sintieras sola; tus paseos en moto, aquel regalo en forma de despertador, tu forma de mirar, tus gestos exagerados; o aquel concurso al que nos presentamos, y en el que nos descalificaron a las primeras de cambio, simplemente porque no sabíamos donde estaba Capocorb vell - fíjate -.
Y ya ves, ahora tu en Missouri, y yo aquí. Igual que ayer

1 comentario:

dulcinea dijo...

A ver si tu te crees que no te han salido arrigas, guapo¡¡¡jeje