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miércoles, 3 de enero de 2007

Niñatos

Con todo este tiempo me da tiempo incluso a ver las cosas que no soporto.
¡Qué atrevida es la ignorancia!,
¡que impotencia crea la inseguridad del radicalismo en las ideas!
¡que poco humildes somos para ser capaces de escuchar!

De los sofistas podemos aprender cosas buenas y malas.
Entre las malas esta creernos que tenemos todo el conocimientos,
permitirnos opinar, dando por verdades absolutas,
pensamientos fugaces de un momento
sin dar lugar a replica
entendiendo por una gilipollez lo que otros digan.
Y a eso me refiero cuando digo que que atrevida es la ignorancia
y que impotencia crea cuando alguien no se da el derecho a escucharte.
así los adolescentes (y en este grupo englobo a todos los que cumplen
con esa característica sofista) creen tener fórmulas mágicas para arreglar el mundo,
soluciones que al gilipollas del presidente de turno no se le ha ocurrido
porque entre las virtudes de cualquier país (exceptuando EEUU)
está elegir a gilipollas para que gobiernen nuestros países;
cuando la solución está en el radicalismo que ellos encarnan.

La característica que quizás podemos aprender de los sofistas
es que todo es relativo y todo tiene algo de respetable y escuchable.
Es cuestión de practicar la asertividad.
Si la asertividad la llevamos un poco más lejos de saber decir si y no
sin faltarle al respeto al otro;
también nos daremos cuenta que si alguien piensa algo
tendrá algún motivo para pensar eso...
algún proceso reflexivo precede (o debería preceder)
a cualquier afirmación.
y si es así, el proceso empático supone
que si alguien es digno de poder decir lo que piensa
también debe ser igual de digno escuchar
lo que piensa y porque lo piensa;
y luego, si eso, contrastar ideas,
pero desde la escucha.
saber reconocer que algo seguro del otro
puede ayudarnos a crecer.
Las posturas inflexivas no ayudan a crecer.
Y nadie tiene la verdad absoluta;
en todas las opiniones hay algo de verdad
aunque quizás algunas de las conclusiones
después de escucharlas no merezcan ser respetables.
Pero ¡cohones!
Date el lujo de escucharlas y de intentar entenderlas
aunque luego no las compartas
R E L A T I V I Z A

Que Dios nos dió dos orejas y una boca
para escuchar más y hablar menos