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miércoles, 16 de mayo de 2007

Miedo

Mierda,
miré el reloj, y aún no era medianoche, pero se ve que para los relojes programados de la calle donde habito si lo era, y por eso se apagaron, me faltaban más de 200 metros para llegar.
Tiendo a justificar racionalmente lo que pasa, por eso ni se me ocurrió pensar que formaba parte de la trama de un atraco, o pongámonos trágicos, de un asesinato: el mío. Aún así, aunque no lo piense, mi paso se acelera y mi pulso todavía más. Abro los ojos ante los inmigrantes de mi calle, y me pongo en guardia por lo que pueda pasar,. No los veo hasta tenerlos muy cerca. su color oscuro no ayuda en nada; y cuandfo los tengo encima es demasiado tarde para cambiar la dirección de mis pasos, y...¡Qué coño!, no quiero parecer miedoso.
Joder, la calle está llena de gente, o soy yo que veo gente por todos los lados; se tropiezan conmigo. Joder, esto tiene que formar parte de un plan. El corazón no me puede ir más rápido. De aquí no salgo. Esta noche me rajan...

Pero hijos míos, si me hubieran rajado, no estaría aquí escribiendo este post. Quizás más bien es que apagan a las 12 las luces, que sí que hay algunas personas, pero no tantas como yo creo ver, ni mucho menos y mi imaginación ve sombras donde ni tan siquiera hay una luz para crearla y que los pocos que hay, están como yo, sin ver un carajo, aterrorizados de miedo por la oscuridad, y pensando que yo soy otro inmigrante de esos que se tropiezan con ellos para robarle, porque a fin de cuenta todos los gatos son pardos por la noche, y la oscuridad no pide documentación a sus invitados