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sábado, 26 de julio de 2008

Hombre de palabra

No, no soy un hombre de palabra.
Lo reconozco; ern ningún sentido.
No se me da excesivamente bien escribir,
ni tengo palabras brillantes para definir nada.
Me gusta más el silencio que hablar.
Vamos, no soy un hombre de palabra
(a pesar de que aquí en este blog sólo aparezcan palabras).
Tampoco soy un hombre que cumpla,
tampoco suelo prometer nada,
pero las veces que he metido,
mis amantes dicen que no he cumplido.
Ya digo, no soy un hombre de palabra.
Tampoco digo la verdad usualmente.
Al principio uno quiere tener esos nobles valores
y ser un hombre de ley, un hombre de palabra
y se afana por cumplir aquello que dijo,
pero en algunas ocasiones, quizás las más importantes
hay algo que hace imposible llegar donde uno había prometido
y a pesar de los esfuerzos, uno deja de ser un hombre de palabra
quizás para las personas más importantes para él.
Después de eso, a uno no le importa que otros menos queridos
crean también que no sea un hombre de palabra.
Luego utilizo la palabra, esa que ya npo tengo,
para por lo menos sacar algo de beneficio;
y puesto que el destino hará lo que crea conveniente
con mi vida, meta o prometa yo lo que prometa;
pues puesto a perdeer el honor, hagámoslo conscientemente;
y si mentir me servirá para conseguir lo que busco
no creas que te vaya a decir la verdad ¿Para qué?
Y si va a dar igual decir la verdad o mentir,
tampoco me importará hablar porque ¿Para qué?
Si de todos modos no soy un hombre de palabra

De verdad
¡Palabra de Honor!