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lunes, 11 de mayo de 2009

Paradoja

Mientras recorría el camino habitual por el que me llevan todos los días mis pies descubrí algo distinto. Un nuevo comercio aparecía en mi camino, quizás hubiera estado allí siempre, pero para mi era nueva. una bellísima puerta fue la que me llamó la atención.
Claro, recordé. Allí siempre había visto una persiana metálica bajada. las persianas bajadas nunca llaman la atención, pero una puerta, y más una preciosa puerta sí.
No lo pensé. Aquella puerta debía esconder muchísimos secretos dignos de comprar. Abrí la puerta, sonaron unas campanitas, con una musiquilla celestial, que me indicaban que aquello era el lugar ideal para comprar. Pero para mi sorpresa, cuando atravesé la primera puerta me encontré una segunda puerta distitna a la primera.
Vaya! Esto no era lo que esperaba encontrarme, pero bueno, la seguridad es la seguridad, y si lo que vendían era tan valioso, bien merecía una segunda puerta. La abrí. Esta vez no sonó ninguna música y la franqueé.
Vi a un señor, entonces, que me saludó: Buenos días
Le devolví el saludo, absorto por lo que estaba viendo de nuevo.
Esto si me resultó paradójico. Tras la segunda puerta...
Tres puertas más. Una a cada lado y una enfrente, cada una de ellas diferente y de distitno color.
Atravesé la de enfrente, y tres puertas más.
Esto es una cámara oculta. Siempre lo pienso.
Miré al techo y...
Efectivamente. Una cámara.
Cuando lo pensé durante 3 segundos tampoco me extrañó. Las tiendas tienen cámaras de seguridad, porque esta iba a ser menos. Entonces me armé de paciencia y me dispuse a abrir todas las puertas que hicieran falta, sin pararme a pensar lo absurdo de la situación.
Abrí puertas, abri puertas, abrí puertas, abrí puertas y... la pared! Llegué a una pared.
Esto no tiene salida!!!
Vuelta atrás. Puerta a puerta, a puerta, a más puertas, siempre en línea recta.
Ahora si pensaba que aquello era absurdo.
Me encontré con el hombre que me había encontrado antes.
Ofuscado le dije: Buenos días.
Buenos días - me respondió mientras seguía cruzando puertas y puertas para al final llegar a la calle.
Uff. Resoplé. Parecía salir de un sueño.
Dos mujeres pasan por delante mío. se fijan en el nuevo comercio
Y una le dice a la otra:
- Mira, a quien se le ocurre ABRIR una tienda de puertas