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sábado, 20 de agosto de 2011

Campanadas

Cuando abrí la puerta de casa oí una campanada

Me sorprendió lo tarde que se me hizo.
No creí que dos cervezas dieran para tanto.
Ya se sabe, los amigos siempre te lían
Estaba claro que llegaría tarde a la cita con mi novia.
No tardé nada en prepararme un sandwich y comérmelo.
Me disponía a entrar en la ducha cuando volvió a sonar el reloj de la sala.
Volvió a sonar una campanada. No podía ser.
Lo habría soñado antes.
Fuera como fuera, debía seguir adelante.
Así que me volví dispuesto a meterme en la ducha.
Me afeité mientras el agua caía sobre mi.
Me estaba arreglando cuando de nuevo volvió a sonar el dong del reloj
Una nueva campanada.
No podía ser. De nuevo una única campanada.
Aún tenía que envolver el regalo que le había preparado a mi novia.
Tenía que imprimir unos versos robados a Neruda que contextualizaban el regalo.
Cuando el papel salía de la impresora volvió a sonar.
No, no podía ser. Después de la primera campanada no sonó una segunda.
Deprisa terminé de empaquetar ese regalo,
de vestirme y de salir corriendo,
en el momento que sonaba de nuevo el reloj
Una única campanada fue lo último que oí antes de cerrar la puerta