Noticia


lunes, 15 de agosto de 2011

Espera a mitad de agosto

Estabas esperándome reclinada en aquella butaca que tanto te había costado.
Semidesnuda, dedicabas aquella tarde a explorar los sentidos más recónditos de tu cuerpo.
Un dedo de tu mano se había ido casi por inercia hasta tu boca, como una flauta travesera,
tu lengua lamía casi sin tocar el principio de tu dedo
Tu otra mano había reptado entre tu entrepierna desnuda. Había ido recogiendo los restos de una ligera falda que se había ido plegando en la cintura.
El aire corría lento pero fresco y llegaba a los pliegues que tus dedos iban dejando al descubierto.
Lentamente un dedo se supergía en tu pubis, buscando la humedad recóndita, o esperando, con la vista clavada en la puerta, tranquilamente a que yo apareciera.
Cuando aparezco tu mirada se clava en la mía pero tus dedos no dejan las tareas que tenían encomendadas.
Me quedo parado mirando el espectáculo que me brindas, y tu prosigues tu espectáculo haciéndome espectador de lujo.
Después de lo que dura un padrenuestro, me dices casi en un susurro: "Acércate tonto".
Y yo que no sé decir que no, me arrodillo y alzo mi plegaria a tu templo.
¡ Cómeme! - me suplicas.
Lo demás un caballero no lo contaría...