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domingo, 24 de septiembre de 2006

Religión

Cuando la vi juro que no tenía intención de acercarme, pero parecía tan desesperada, que no necesité escuchar a mi razón. Sin darme cuenta estaba sentado junto a aquel pequeño angel ahogado en lágrimas. Farfullaba palabras de desaliento, que alentaban unicamente a la desesperanza, perdia, sin sentido, no sabía porque debía seguir viviendo, o porque sobrevivir en una vida que no había escogido, malvivir un tiempo que no quería.
No me costó engatusarla con bonitas palabras y decirle al oído más de cien mentiras que valían la pena para no cortarse de un tajo la vida.
Y tras mi susurro en su oído fue mi brazo el que abrazó su cuello y la arropé en mi pecho, hasta que sin darse cuenta tenía sus labios pegados a los míos, como un naufrago agarrado a una tabla.
Luego, ya podéis imaginar, donde llegó su soledad, el poco valor de sus días y mi necesidad perentoria de abrazarla entre mis piernas.
Después de esa noche, de esos besos, de los excesos sin medida, ya no la volví a ver. Sólo sé que que aquella noche la vi sonreír.

Un año después la he vuelto a ver, auqneu apenas la reconocí. Fue ella quien me vió y dijo mi nombre, me sonrió con unos labios que no recordaba, y me presentó a aquella criatura que llevaba entre los brazos
- ¿Cómo se llama? - pregunté yo
- Religión
- ¿Religión? Y... ¿quien es su padre?
No me contestó, sólo sonrió para no comprometerme a nada y yo entendí aquel silencio
- ¿Por qué le has llamado religión?
Me explicó que aquel niño se había convertido en el sentido de su vida, en el sentido que aquella tarde que nos encontramos había perdido.
Ahora se sentía de nuevo ligado a aquel niño, y religado a la vida.
Ese era el sentido de su vida: El pequeño religión